Para la inmensa mayoría de profesionales, el 2020 ha sido un año excepcional, entendiendo “excepcional” como raro, extraño, insólito e incluso extraordinario, o devastador con todos sus posibles acepciones. De lo que no hay duda es que la transformación de las organizaciones, con el apellido que le queramos poner (digital, cultural, eficiente, inteligente, etc.) es la vía indiscutible para ser competitivos en esta nueva era y en las venideras.
Una transformación que se tiene que acometer con un planteamiento integral, no parcial o con parches. Algunas empresas están transformándose en ciclos y/o niveles pero lo importante es tener una visión global que permita ver y establecer todas las conexiones del cambio.
Para empezar, el primer paso es, indiscutiblemente, ser conscientes de la necesidad de evolución. Un aspecto que la mayoría de las empresas lo contemplan en su estrategia, y es a partir de ahí, donde empieza para muchas compañías el verdadero conflicto. ¿Cómo hacer? ¿Por dónde empezar?
Existen distintos modelos y aproximaciones que se están llevando a la práctica (big bang, generación de una nueva empresa que convive con la actual y que sistemáticamente va desarrollando los nuevos productos y servicios aplicando nuevas formas de trabajar, ciclos de transformación, etc.). Independientemente del modelo elegido, en todos los casos, en mi opinión, hay una hoja de ruta para realizar con éxito el proceso de transformación:
Comprender el “new normal”
Entender como están cambiando constantemente los comportamientos de nuestros clientes, como las tecnologías nos ofrecen oportunidades hasta ahora impensables y como aparecen nuevos competidores con ideas que mejoran visiblemente la experiencia de “nuestros” clientes. Reflexionar sobre la necesidad de analizar los modelos de negocio basados en plataformas y ecosistemas como los datos se han convertido en un activo estratégico de la organización. Los datos son el oro del SXXI, no lo olvidemos.