En lo que va de año, el índice S&P500 registra un ascenso del 1,85%, mientras que el subíndice tecnológico, liderado por las acciones conocidas como FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y la matriz de Google, Alphabet), registra un aumento de más del 10%. En este contexto, la realidad para los inversores en los índices ponderados por capitalización es que, sin las FAANG, el rendimiento anual hasta la fecha del S&P500 hubiera sido de -0,19%.
En las valoraciones, el ratio PER para el sector tecnológico del S&P500 es de 18,9 veces las ganancias estimadas en los próximos 12 meses, comparado con las 16,5 veces del índice general y a un nivel lejos de niveles de riesgo, si lo comparamos con los datos de la última década. Conviene recordar que en 2007-2008 se alcanzaron niveles de PER cercanos a las 51 veces, similares a los ratios vistos la burbuja de 2000.
Merece la pena recordar lo sucedido con la burbuja tecnológica. Las cuentas de resultados de hoy son mucho más saludables que hace 18 años, cuando el sector tecnológico representaba el 32,9% de la capitalización del S&P500 (y el 33,4% del índice MSCI) en su punto más alto. En marzo del 2000, las acciones tecnológicas ofrecían al inversor un margen operativo de solo un 14%, comparado con el 27% de hoy, y las empresas de tecnología poseen liquidez equivalente al 11% de su capitalización bursátil, muy por encima del 2,5% en el año 2000. El rendimiento del flujo libre de caja es cuatro veces más alto en la actualidad, situado en un 4,5%.
Mientras algunos inversores consideran las acciones de gran capitalización FAANG como un refugio frente a la volatilidad, lo cierto es que es la diversidad de valores del sector la que ofrece un mayor atractivo a los inversores. Cada segmento y subsegmento ofrece distintas características de crecimiento y valoraciones descorrelacionadas que ofrecen a los gestores oportunidades para encontrar valor.
¿Cuáles son los principales peligros de la tecnología, más allá de su aproximación a unas valoraciones sobrecalentadas? Claramente, existe un coste creciente de demandas regulatorias, así como la amenaza permanente de piratería informática o una mala gestión de datos. Aunque no suponen necesariamente una amenaza existencial, este tipo de incidentes pueden dañar el sentimiento, tanto de consumidores como de inversores. Un ejemplo de esto es, por ejemplo, la caída de casi un 20% de las acciones de Facebook como consecuencia de las noticias publicadas sobre sus vínculos con Cambridge Analytica. Este hecho ha obligado a Facebook a comprometerse a contratar a más de 5.000 trabajadores en seguridad y control de contenidos.