En un mundo marcado por la constante evolución, la capacidad de adaptación a los continuos cambios y la necesidad de innovar, la transformación digital emerge no solo como una opción, sino como un imperativo para las grandes corporaciones que buscan sobrevivir y prosperar en el panorama empresarial actual.
Y es que vivimos en una era donde la incertidumbre y la complejidad están redefiniendo el escenario macroeconómico a nivel global. Una situación que exige, más que nunca, a las empresas abrazar la transformación digital para hacer frente a los desafíos de un mundo enormemente digitalizado.
Si bien muchas compañías ya están destinando recursos, inversión y esfuerzos en transformación digital, especialmente en mejoras operativas, la realidad es que muchas de estas organizaciones aún no han adoptado un enfoque estratégico y sistemático que les permita expandir y renovar sus modelos de ingresos.
Cuando hablamos de transformación digital, hablamos de transformar negocios. En este sentido, lo importante no es quedarnos en lo “digital” sino que debemos centrarnos en el término “transformación”. Un proceso de cambio que, en la mayoría de las ocasiones, es lento, complicado y lleno de obstáculos, tanto externos como internos.
Desde mi punto de vista, las empresas se enfrentan a cuatro grandes desafíos en su camino hacia la transformación digital. En primer lugar, la digitalización de prácticas antiguas. En la actualidad, estamos viendo como muchas compañías utilizan la digitalización para replicar prácticas existentes, sin considerar la evolución del ecosistema, las nuevas necesidades del propio negocio, los nuevos canales, etc.