«Vivimos un momento histórico en la humanidad con la tecnología», esta afirmación, que hemos oído en los últimos años, resuena como una verdad innegable en el contexto empresarial actual. La transformación digital emerge no solo como una tendencia sino como una necesidad imperante para aquellas empresas que aspiran, no sólo a sobrevivir sino a prosperar. Sin embargo, este viaje hacia la digitalización está lejos de ser un paseo tranquilo por el parque; está lleno de desafíos, oportunidades y amenazas, especialmente en las áreas de ciberseguridad e inteligencia artificial (IA).
Desafíos de la transformación digital
Iniciar un proceso de transformación digital implica mucho más que sólo adoptar una o varias tecnologías. Requiere un compromiso y reinvención de las bases de la empresa, cómo interactúa con sus clientes y cómo se posiciona en el mercado global. El gran desafío de esta etapa es superar la resistencia interna. Cambiar procesos arraigados y mentalidades puede ser una tarea épica. Muchas veces, la inercia organizacional y el miedo a lo desconocido pueden estancar o incluso dar a pique iniciativas de transformación digital.
El otro reto crítico es mantenerse al día con el ritmo vertiginoso de la innovación. La elección de qué tecnologías adoptar, cuándo y cómo integrarlas eficazmente en los procesos existentes, puede ser abrumadora. Esto se complica aún más por la necesidad de garantizar que estas nuevas herramientas se alineen con los objetivos estratégicos de la empresa y creen valor real. Evitar el hype de las modas y no evitar abordar todo, porque sí, con tecnología, puede ayudarnos a no malgastar recursos ni dinero. El dicho de “no matar moscas a cañonazos” en este contexto toma mucha fuerza.
Protegiendo el presente y el futuro digital
La digitalización conlleva aumentar los vectores de ataque sobre las empresas, brindando nuevas oportunidades a personajes como los script kiddies o los hackers. Actualmente, los ciberataques no sólo son más frecuentes, sino también más sofisticados. El desarrollo de nuevas herramientas que utilizan elementos estandarizados hacen que casi sea un ecommerce de exploits y ejecución el atacar a un sistema. La ciberseguridad, por lo tanto, se convierte en una prioridad absoluta. Los retos van desde proteger los datos sensibles, evitar fugas o monitorizar recursos hasta garantizar la continuidad del negocio frente a ataques que pueden paralizar sistemas enteros.
Un dogma a interiorizar es que la ciberseguridad no debe verse como un gasto adicional sino como una inversión esencial en la continuidad y el crecimiento del negocio. Esto implica adoptar un enfoque holístico que incluya tecnología punta, capacitación y formación de empleados y una cultura organizacional que priorice la seguridad digital como un elemento fundamental de todas las operaciones empresariales. Todo esto sin volvernos locos y ponernos un gorro de papel albal en la cabeza. Debe haber un equilibrio lógico.