El entorno actual, marcado por la crisis geopolítica, divergencias en el crecimiento económico global, una elevada presión inflacionaria y la rápida transformación de los modelos económicos, tecnológicos, sociales y medioambientales; constituye un desafío para todos los actores de la industria financiera en general; y para los inversores y ahorradores en particular.
En este contexto, el sector de la gestión de activos tiene un papel relevante que jugar, poniendo todas sus capacidades a disposición de los diferentes stakeholders para aportar soluciones y servicios innovadores y sostenibles, adaptados a las necesidades de los clientes.
En primer lugar, debemos aplicar nuestros recursos y herramientas en analizar la evolución de las economías, evaluar las compañías e interpretar los acontecimientos para gestionar lo mejor posible las oportunidades y los riesgos de las carteras. Solo así podremos ayudar a los inversores a cumplir sus objetivos financieros; ya sea la educación de los hijos, la compra de una vivienda o completar la jubilación en un contexto de mayor esperanza de vida.
Para abordar los retos medioambientales y sociales y poder alcanzar los objetivos de reducción de CO2 marcados por el Acuerdo de París, se requiere una transición energética “rápida" y justa que no podrá alcanzarse únicamente con financiación pública. La industria de la gestión de fondos juega un rol clave en este camino a través de sus inversiones.
Por este motivo, desde Amundi nos hemos comprometido a lograr la neutralidad de carbono en 2050, desarrollando soluciones y servicios que integran objetivos ESG en todas las clases de activos. En esta misma línea, promovemos un compromiso activo con las compañías a través de nuestras políticas de diálogo y voto, con el objetivo de impulsar esa transición de la que tanto inversores institucionales como particulares somos cada vez más conscientes.