1. Protegen de la inflación
La rentabilidad de las materias primas suele repuntar cuando la inflación registra una tendencia al alza y descender en caso contrario, a diferencia de la renta variable y la renta fija. Otras clases de activos que tradicionalmente se han utilizado como cobertura frente a la inflación, como los activos inmobiliarios y los bonos ligados a la inflación, presentan actualmente unos precios muy altos, al contrario que las materias primas. Actualmente, a pesar de las presiones deflacionistas, existen indicios que apuntan a un incremento de la inflación.
2. Diversifican el riesgo de la renta variable.
La relación entre las materias primas y la renta variable cambia constantemente. Estas dos clases de activos suelen presentar una correlación positiva (si bien reducida). Sin embargo, mientras las materias primas no estén perfectamente correlacionadas con la renta variable, incluso una pequeña asignación a una cartera con una amplia exposición a las acciones podría dar lugar a una reducción de la volatilidad general. Si tomamos como ejemplo una correlación de 0,2 entre la renta variable y las materias primas, éstas sólo tendrían que generar una rentabilidad de alrededor del 2% anual para mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo de la cartera.
3. Una rentabilidad ajustada al riesgo con potencial alcista.