En 2014, sus anónimos desarrolladores anunciaron que dejaban de actualizarla y mantenerla, generando decenas de teorías sobre su abrupta decisión. Pero no está muerta. De hecho, ha vuelto a saltar a las portadas porque se encontró en uno de los ordenadores de los presuntos implicados en los atentados del 13 de noviembre de 2015, en los que 137 personas fueron asesinadas en París a manos de Estado Islámico.
TrueCrypt y Estado Islámico
Uno de los yihadistas se llamaba Reda Hame. Él no llegó a participar en los atentados porque fue detenido días antes gracias a la información que la policía española entregó a la gendarmería francesa. Gracias a su arresto se ha podido reconstruir la historia de su entrenamiento, que incluía el uso experto de herramientas informáticas para garantizar las conexiones entre Francia y Siria, desde donde se coordinaron los ataques.
Hame es un informático francés de 29 años que viajó a Siria para, una semana después, regresar a París y tratar de cometer los atentados. Según reconstruye el diario The New York Times, su entrenamiento consistió en aprender a disparar con rifles de asalto, lanzar granadas… y usar TrueCrypt para encriptar sus archivos. "La fase final del entrenamiento de Hame ocurrió en un Internet café en Al Raqa [la "capital" del Estado Islámico en Siria], donde un especialista informático de Estado Islámico le dio una llave USB. Contenía CCleaner, un programa utilizado para borrar todo el historial de Internet en un ordenador, así como TrueCrupt, un programa de encriptación que estaba disponible entonces y que, según los expertos, aún no ha podido ser ‘crackeado’", relata el periódico estadounidense. El proceso era el siguiente: Hame, cuando quería comunicarse desde Francia con Siria, pasaba TrueCrypt por los ficheros, los subía a un servidor de almacenamiento turco, y desde allí lo descargaban en Siria. Evitaba así los metadatos de las comunicaciones por e-mail, además de mantener el contenido de las comunicaciones prácticamente imposible de leer sin conocer la contraseña.
Pero Hame cometió un error de principiante, según la policía: apuntó la clave en un papel, que fue encontrado en su mochila cuando la policía gala, alertada por las autoridades españolas, registró su casa.