La paciencia de Europa con el presidente de Estados Unidos hace meses que se ha agotado. Bruselas no golpeará primero, pero cada nueva decisión del estadounidense contra los intereses europeos, sean comerciales o geopolíticos, será respondida en términos similares. La UE está decidida a cobrarse hasta el último céntimo, o centavo, que imponga Donald Trump con sus medidas arbitrarias a la economía comunitaria.
“Por desgracia, las divisiones van más allá del comercio, debemos estar preparados para el peor de los escenarios”, reconoció Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, a todos los líderes del continente en la reciente Cumbre celebrada en Bruselas. Primero fueron el acero y el aluminio, luego las empresas que invierten en Irán, ahora Trump tiene en su objetivo al automóvil europeo.
Las amenazas del mandatario estadounidense vía twitter de aplicar un arancel del 20% a la importación de coches son ya una realidad, convertidas en una investigación sobre las compras al exterior de estos bienes similar a la sufrida por la industria metalúrgica. Bajo la sección 232, el gobierno de Estados Unidos estudia si marcas como Renault, Peugeot o Citroen, Fiat o Volkswagen suponen una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
La respuesta europea no se ha hecho esperar. Bruselas reprocha a Washington que “la actual investigación carece de legitimidad, de hechos probados y viola las normas sobre el comercio internacional”. Además de “dañar el comercio, el crecimiento y empleos en Estados Unidos”, las intenciones de la Administración Trump “debilitan los lazos con amigos y aliados”, según el escrito enviado por la Comisión Europea al Departamento de Comercio de Estados Unidos. Las palabras, sin embargo, dejan paso a los hechos y si la advertencia es con números puede ser más clara.
Céntimo por céntimo, o centavo por centavo