Trump pacta con la OTAN en Davos el control de Groenlandia

Renuncia a la fuerza en Groenlandia tras ver a Rutte, pero mantiene el pulso. El acuerdo evita los aranceles inminentes.
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Donald Trump, presidente de los Estados Unidos :: The Officer

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha protagonizado este miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos un volantazo estratégico respecto a Groenlandia. Tras amenazar con anexionar el territorio «por las buenas o por las malas», ha optado por un giro de guion que rebaja la tensión militar pero mantiene la presión política.

Durante su intervención plenaria, Trump anunció que no usará la fuerza para hacerse con el control de la isla. Sin embargo, el movimiento clave ocurrió tras su reunión con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, donde sentaron las bases para un acuerdo que el republicano califica como definitivo.

Bases de un pacto «infinito»

En su red social, Truth, Trump confirmó que el entendimiento con Rutte afecta a «Groenlandia y, de hecho, a toda la región del Ártico». Este movimiento desactiva, de momento, los aranceles punitivos que iban a entrar en vigor el 1 de febrero contra ocho países aliados que habían movilizado tropas en la zona.

El mandatario aseguró a la prensa, en un encuentro casual por los pasillos del centro de congresos, que este pacto otorga a Washington «todo» lo que necesita. Ante la pregunta de si eso incluye la propiedad del territorio, Trump fue tajante y algo críptico: «Es un acuerdo a largo plazo. Infinito… durará para siempre».

Cúpula Dorada y seguridad nacional

El pacto incluye conversaciones sobre el misterioso proyecto «Cúpula Dorada». Trump ha delegado las negociaciones en pesos pesados de su círculo: J. D. Vance, el vicepresidente, Marco Rubio, el secretario de Estado y Steve Witkoff, su enviado especial. La narrativa de seguridad nacional es el eje sobre el que pivota toda la operación.

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Desde la OTAN, un portavoz calificó la reunión de «muy productiva», centrando el tiro en asegurar que rivales sistémicos como Rusia y China nunca logren afianzarse, ni económica ni militarmente, en el Ártico. Dinamarca y Groenlandia seguirán en la mesa de negociación.

Amenazas veladas y discurso oscuro

Pese al alivio momentáneo, el discurso de Trump ante la élite de Davos fue tenebroso. Insistió en que quiere controlar el territorio y lanzó un aviso a navegantes europeos: «Tienen dos opciones. O aceptan, y estaremos agradecidos. O se niegan, y lo recordaremos».

Su intervención, de más de una hora, dibujó una visión del mundo donde Europa es más un lastre que un aliado. Trump no escatimó en mentiras, resentimiento y humillaciones, llegando a insultar al presidente de la Fed, Jerome Powell, al que llamó «estúpido», y mofándose de las energías renovables.

La resistencia europea se organiza

El ambiente en Davos es de fin de ciclo. «Vamos hacia un mundo sin ley», alertó Macron, quien intentó recabar apoyo frente a las tácticas de Trump. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión y el canadiense Mark Carney también cerraron filas, asumiendo que el viejo orden mundial ha muerto.

La delegación estadounidense, lejos de calmar las aguas, echó leña al fuego. Scott Bessent, secretario del Tesoro, pidió a Europa que «contenga su histeria», mientras Howard Lutnick, de Comercio, advirtió que cualquier represalia de la UE tendrá una «respuesta de vuelta».

Nerviosismo en los mercados

El choque de trenes ha puesto en guardia al dinero. Los inversores temen que la volatilidad sea la «nueva normalidad», como apuntó Anthony Gutman de Goldman Sachs. Andy Jassy, el consejero delegado de Amazon advirtió que los aranceles acabarán repercutiendo en los precios al consumidor.

La caída de los mercados y la debilidad del dólar reflejan el miedo a una guerra comercial total. Macron presiona para usar el mecanismo anticoerción de la UE, una herramienta poderosa que podría cerrar el mercado europeo a empresas estadounidenses, algo inédito hasta la fecha.

Conflictos paralelos

La «Junta de Paz» que propone Trump para Oriente Próximo genera rechazo entre los aliados, incluida la italiana Giorgia Meloni. Como resumió gráficamente Mark Carney ante la inacción de las potencias medias: «Si no estamos en la mesa, estamos en el menú».

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