Hace cinco años, los mercados emergentes emprendieron un camino difícil ya que la llamada «tapper tantrum» sacudió a los inversores. El lento retroceso de la flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) y la eventual reanudación de los aumentos de las tasas han provocado la debilidad de las clases de activos en los países en desarrollo. Desde enero de 2013 y hasta finales de 2015, cuando la Fed efectivamente hizo su primer aumento tras la crisis post-financiera, el índice MSCI Emerging Markets se redujo en casi un tercio. Si avanzamos rápido hasta 2018, hoy los EEUU están en un firme modo de ajuste, el dólar (USD) es fuerte, sus tasas están en alza y los mercados emergentes están sintiendo la presión una vez más.
La lira pierde fuerza
Junto a las constantes tensiones comerciales a nivel global, este entorno magnifica los shocks y resalta la importancia de un enfoque selectivo para la clase de activos. Los mercados emergentes son de hecho vulnerables con los EEUU en una fase de ajuste, pero los inversores ahora están más dispuestos a recompensar a los más fuertes y castigar a los más débiles. La crisis de este verano en Turquía lo ha dejado más que claro.
Durante los últimos meses, hemos estado advirtiendo de condiciones difíciles en Turquía. El último desencadenante de pérdidas en los activos turcos ha sido una disputa diplomática con los Estados Unidos. Sin embargo, la causa fundamental radica en los profundos desequilibrios macroeconómicos que hemos destacado desde otoño de 2017: una posición externa débil y la reacción poco ortodoxa del banco central ante el aumento de la inflación. Esta última ha sido influenciada por el exceso político del presidente Recep Tayyip Erdogan, que ha tratado abiertamente de disuadir al banco central de aumentar las tipos de interés.
El impacto ha sido dramático. La lira (TRY) perdió más del 40% frente al dólar (USD) antes de recuperarse, mientras que los diferenciales de un “Credit Default Swap” (CDS) -que actúa como una medida de confianza para los inversores sobre si un país pagará su deuda-, subió a su nivel más alto desde noviembre de 2008. Los inversores están ciertamente preocupados por el riesgo de contagio a otros mercados emergentes, ya que el endurecimiento de los Estados Unidos actúa como una forma de prueba de estrés para los desequilibrios en estas economías en crecimiento. Esperamos que la Fed eleve las tasas dos veces más este año y al menos tres veces en 2019, por lo que el estrés aumentará durante un tiempo.