Desde Turquía insisten en que la visita de Erdogan a San Petersburgo no indica que el país esté dando la espalda a Occidente. Más bien, afirman que es una continuación del intento de acercamiento con Rusia iniciado semanas antes del intento de golpe de estado el pasado 15 de julio.
Pero el deshielo de las relaciones con Moscú, que impuso sanciones comerciales al país hace nueve meses después de que Turquía derribase un avión de combate ruso cerca de la frontera con Siria, llega en uno de los peores momentos en la relación entre Ankara y Occidente.
Tal y como señala Reuters, Erdogan y muchos turcos se han indignado por las reacciones de Occidente tras el golpe de estado al considerar que ha habido mucha preocupación por la represión posterior al golpe, pero cierta indiferencia hacia los acontecimientos en los que fallecieron 230 personas cuando militares golpistas bombardearon el parlamento.
El gobierno turco ha acusado del golpe a seguidores de un clérigo islámico que vive en un autoimpuesto exilio en Estados Unidos y ha realizado una purga de decenas de miles de supuestos golpistas entre los colectivos de servicios públicos como profesores, policía o personal de juzgados y ejército. Ante esto, los países occidentales han calificado la purga de demasiado rápida e indiscriminada.
Las relaciones están dañadas hasta el punto de que el ministro de exteriores alemán llegó a decir esta semana que no había base para discusiones: "Estamos hablando como representantes de dos planetas diferentes". Por ello, el canciller austriaco sugirió que se suspendiesen las negociaciones para el ingreso de Turquía en la UE.