Con mayor frecuencia, la UE muestra su liderazgo global hacia una economía más sostenible en un proceso que exigirá a empresas y consumidores un cambio profundo en sus patrones de producción y consumo. Las emisiones del transporte en carretera de gases con efecto invernadero han aumentado un 20% en los últimos 25 años. Este medio emite tres cuartas partes del total de CO2 originado por el transporte en la UE.
En todo el planeta llegan al mar anualmente 27.000 toneladas de envases o de plásticos de un solo uso. Lentamente, desde que en 2015 puso en marcha por primera vez un paquete de medidas sobre la economía circular, la UE parece comprender la magnitud del problema medioambiental que afronta, su coste y también las oportunidades para nuevos sectores empresariales y profesiones.
EL DOPAJE SOSTENIBLE A LA ECONOMÍA
El reciclaje de residuos ya no es un fin, tampoco la utilización de energías renovables. El planeta, o al menos la UE, salta hacia la sostenibilidad 2.0 según el modelo de economía circular, con las renovables como un instrumento más igual que el reciclaje masivo, la reutilización de productos en la industria o en el consumo final y el almacenaje y ahorro energético. No basta sólo con producir energía limpia y abandonar los hidrocarburos, hace falta acumularla ante necesidades futuras.
La Comisión Europea estima a esta economía circular unos beneficios transversales muy grandes, un modelo “más inteligente y sostenible que el coge, fabrica y tira” actual, explican en Bruselas. En la economía circular, cuando un producto ha llegado al final de su vida útil, se transforma y reutiliza en otros sectores repetidamente para seguir aportando valor.