Los dos últimos años han sido muy difíciles para las estrategias de renta variable global long-short alpha, si se comparan con la década anterior. Los drásticos cambios en el entorno macroeconómico han puesto en cuestión algunas de las hipótesis microeconómicas más arraigadas y las estrategias long-short de renta variable mundial han tenido dificultades.
La inflación se ha elevado a niveles no vistos desde la década de 1980 y los bancos centrales han endurecido agresivamente su política monetaria. Como consecuencia de ello, las empresas con valoraciones más elevadas se han visto afectadas de forma desproporcionada. La razón es que las empresas de mayor crecimiento o de mayor calidad suelen ser aquellas hacia las que se inclinan positivamente los inversores en renta variable. El aumento sostenido y persistente de la volatilidad de los tipos de interés también ha provocado un mayor factor de volatilidad, influyendo en los precios de la renta variable con mayor frecuencia y fuerza, algo a lo que no están acostumbrados los gestores de estrategias long-short de renta variable. El "Gráfico 1" muestra datos de Morgan Stanley Prime Brokerage, que ilustran el alfa global medio generado por su base de clientes de hedge funds durante el periodo 2010-2020 comparado con 2021 y 2022 desde el comienzo del año.

En términos cíclicos, podríamos ver cierta reversión a la media a partir de aquí, habida cuenta de la posibilidad de que la volatilidad de los tipos descienda desde un punto de partida elevado. Históricamente, esto ha sido positivo para la inversión en renta variable long-short de valor relativo.
El "Gráfico 2" muestra que el índice MOVE -que analiza la volatilidad implícita a corto plazo en los distintos vencimientos del Tesoro estadounidense- alcanzó en octubre unos niveles que no se habían registrado desde la crisis financiera mundial de 2007-2008.
