La artillería pesada que Mario Draghi sacó en la última reunión del Banco Central Europeo (BCE) no parece suficiente para la OCDE, que ha vuelto a pedir al organismo que ponga en marcha estímulos monetarios "más vigorosos", ante el riesgo de una baja inflación y la débil demanda en la eurozona. Es decir, anima a la institución a ir más allá de la compra de deuda financiera vinculada a préstamos (ABS) e hipotecas (covered bonds) lanzando un programa de Quantitative Easing (QE) al más puro estilo de la Fed estadounidense.
No es ningún secreto que muchos miembros del BCE se quedaron con ganas de más en el último encuentro del organismo. El propio Draghi reconoció que el plan de expansión cuantitativa (QE) con la inclusión de deuda pública estuvo sobre la mesa en aquella última reunión en la que no todo fue consenso.
Cada vez son más las voces que apuntan a que, con sus últimas medidas, Draghi ha ganado tiempo para preparar un verdadero QE. Paras Anand, responsable de renta variable europea de Fidelity, coincide al señalar que "se está preparando el terreno de cara a un posible lanzamiento de la relajación cuantitativa, pero creo que antes se querrá ver el efecto de las TLTRO para saber si estimulan el crecimiento".
Complicaciones
Ahí estará la clave. Pero hay voces más inclinadas al no del QE. "Yo creo que lo más probable es que nunca lo veamos en Europa. Las últimas medidas anunciadas por el BCE serán el cenit de su política monetaria, aunque no hay nada seguro", explica Daniel Pingarrón, analista de IG.