Argentina negocia contrarreloj en la Corte Suprema de Estados Unidos una alternativa al fallo que la obliga a pagar a sus acreedores 1.500 millones de dólares el 30 de junio, decisión que la coloca al borde de una nueva crisis financiera. "He dado instrucciones para que nuestros abogados le soliciten al juez condiciones para poder llegar a un acuerdo beneficioso para el cien por cien de los acreedores", dijo la presidente Cristina Fernández el 20 de junio, después de haber sugerido en días previos que no acataría la sentencia por considerarla "una extorsión".
La quiebra de Argentina en 2001, que sumió a esa nación sudamericana en un descalabro institucional y social sin precedentes, dejó al país con una deuda de más de 80.000 millones de dólares, aproximadamente la mitad de la cual fue contraída durante la última dictadura (1976-1982) y el resto, en las primeras gestiones democráticas posteriores (1983-1994). Ya en 2005, con una negociación que se completaría en 2010, el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) logró el canje del 93% de ese monto por títulos públicos, obteniendo una quita del 50% del pasivo.
Buitres
Una parte de la minoría de acreedores que no aceptaron esas condiciones, los "fondos buitres", a los que el gobierno actual acusa de extorsión, obtuvo una sentencia favorable del juez Thomas Griesa, según la cual Argentina deberá pagar la suma total de lo adeudado. El fallo data de 2012 y fue ratificado ahora, tras una desestimación de la apelación interpuesta por Argentina.
En esa línea, el magistrado determinó que se le pague primeramente al 1% de los acreedores (que reclaman 1.300 millones de dólares) y podría exigir también el pago al restante 6% de los litigantes (a quienes el país debería abonarles 15.000 millones de dólares). Ese volumen de divisas equivale a más de la mitad de las reservas argentinas actuales, ha dicho el gobierno.