La idea original del Mustang nace de la mano del famoso ejecutivo norteamericano Lee Iacocca, vicepresidente de Ford en los años sesenta, despedido posteriormente de la compañía por un enfrentamiento con Henry Ford II y reclutado más tarde por Chrysler, donde reflotó una empresa que estaba al borde de la quiebra. Este ingeniero industrial de origen italiano se propuso construir un deportivo poderoso, pero que al mismo tiempo fuera confortable, tuviera un buen espacio interior y, por supuesto, con un precio que lo hiciera asequible a la clase media.
Así apareció, en 1964, uno de los pocos coches que pueden presumir de mantener intacto el espíritu con el que llegó al mercado hace más de cincuenta años, algo que lo eleva a la categoría de mito y genera una expectación inusual a su paso, como hemos comprobado durante la prueba. El otro gran ejemplo de icono del automóvil es el Porsche 911, también de esa época y todavía más fiel a sus orígenes, pues las líneas básicas de su diseño han mostrado siempre una silueta inconfundible y su esquema mecánico no ha variado jamás.
En el caso del Mustang ha habido generaciones donde se perdió el glamour inicial, sin embargo, esta sexta entrega del modelo americano recupera lo mejor de la imagen histórica y redondea el resultado con unas aptitudes dinámicas verdaderamente sorprendentes, que no se habían visto hasta la fecha. De hecho, no sólo se venderá en los principales mercados mundiales, algo que no siempre ocurrió porque era un vehículo muy dirigido al público estadounidense, sino que para su puesta a punto se han tenido muy en cuenta los gustos europeos, lo que da como resultado un comportamiento en carretera infinitamente superior al ofrecido en generaciones anteriores. Sirva como detalle la sustitución del eje rígido trasero, tan frecuente al otro lado del Atlántico, por una suspensión multibrazo. Además, las unidades que se van a traer al Viejo Continente llevarán todas el Pack Performance, opcional en Estados Unidos. Éste consiste en unos muelles, amortiguadores y barras estabilizadoras específicos, con un tarado más rígido que permite al coche ser mucho más efectivo en zona de curvas, sin resultar incómodo.
Rendimiento impecable
A pesar de sus casi 4,8 metros de largo y de superar los 1.700 kilos de peso, el nuevo Ford Mustang es un deportivo sin complejos, que se muestra ágil, responde con absoluta precisión a los movimientos del volante y frena con garra cada vez que lo necesitamos. Por si fuera poco, el concepto de motor delantero y tracción posterior le convierten en un coupé muy divertido, que tiende a deslizar del eje trasero si aceleramos con fuerza a la salida de los virajes pero que, aun con ese carácter nervioso, es previsible y fácil de controlar en sus reacciones.