"Lo que está ocurriendo es una vergüenza, es caótico y no es europeo". Son palabras del primer ministro de Hungría, en su visita a Bruselas después de la retención de refugiados en la estación de trenes de Budapest y de la última tragedia en playas turcas. Probablemente, fue de lo poco en lo que encontró la aprobación de los líderes del Ejecutivo comunitario con los que se vio. El resto de su discurso fue tajante y sin piedad hacia el necesitado, lo que ya no sorprende en el corazón europeo.
¿Qué política de inmigración desarrolla Hungría? Dejar claro a todos aquellos que quieran ir de forma ilegal a Hungría que no serán bien recibidos. "Los países tienen el derecho de tener a muchos musulmanes si así lo quieren. Nosotros no queremos y estamos en nuestro derecho", dijo. Y cuando se le insiste, para el primer ministro no hay más allá de proteger fronteras, de ahí su valla de 175 kilómetros, y cumplir las reglas, en referencia a los acuerdos de Dublín, que obligan al país que primero pisa una persona indocumentada a registrarlo y comenzar el proceso de solicitud de asilo.
De ahí que los países de entrada, también Grecia o Italia, estén desbordados. Según aseguraba el primer ministro, ningún refugiado quiere quedarse en Hungría, sino que buscan refugio en Alemania. Por eso se atrevió a decir que la crisis de refugiados "no es un problema europeo sino un problema alemán". "He venido para que deje de acusarse a Hungría por lo que estamos haciendo. Cumplimos las regulaciones europeas", sentenció.
En el otro lado de la escala de valores, como en casi todo, está Francia. El Ejecutivo galo ha sido de los pocos que ha elevado la voz claramente en contra de la actitud húngara, apostando por una propuesta "justa" que conserve "los valores europeos". François Hollande volverá a coger las riendas junto a su homóloga alemana, la canciller alemana Angela Merkel, para proponer al resto de socios un plan que convenza al conjunto de Estados miembros.
La división en Europa por cómo establecer el reparto de refugiados cada vez es más notoria, pero no será el único punto en la discusión que llevará el próximo 14 de septiembre a reunir a los ministros de Interior europeos. El Consejo de Interior tendrá que decidir sobre la propuesta de la Comisión Europea, desde donde se pide la implicación de todos los Estados miembros para poder hacer frente al gran desafío de encontrar un equilibrio entre quienes piden solidaridad y quienes tienen que proporcionarla.