Desde la anterior crisis económica de 2008, la fórmula del autoempleo se ha convertido para muchos en la única salida profesional si querían continuar dentro del mercado laboral. Bien para montar su propio negocio o porque muchas compañías abogan por contratar determinados servicios en lugar de ampliar plantilla, lo cierto es que esta situación ha desembocado en una tendencia creciente de los autónomos involuntarios. Es decir, que no quieren serlo, pero no les queda más remedio.
Según un artículo publicado por el Observatorio Social La Caixa, elaborado por Virginia Hernanz, de la Universidad de Alcalá, y Raquel Carrasco, de la Universidad Carlos III de Madrid, en 2017 (los últimos datos disponibles) el 21,7% de los trabajadores por cuenta propia desearía no serlo. La cifra es cinco puntos superior a la media europea (16,9%), que incluye a Reino Unido, tendencia que puede ir vinculada al hecho de que la cantidad de autónomos en España en 2017 también era superior al conjunto de todos los países del entorno con una incidencia del 15% frente al 11,9%, que se “había mantenido prácticamente estable en los diez años anteriores”.
En base a estos datos, la principal conclusión de esta investigación, que analiza el periodo 2006-2017, es un creciente ascenso de la externalización en los últimos años, “que ha comportado un aumento en el número de falsos autónomos”. No obstante, se da la paradójica circunstancia de que la cantidad de aquellos que dependen económicamente de un solo cliente es inferior. En concreto, en España la tasa es del 3,6%, lo que extrapolado a la media total alcanza el 8,4%, pero a un nivel similar al de países como Francia o Portugal.
En este contexto, el estudio ha detectado una correlación entre el nivel de riqueza y el nivel de autónomos. En las zonas con un Producto Interior Bruto (PIB) per capita más elevado, el dato de autoempleadores es más bajo, premisa que no se cumple en el resto de autónomos, en los que “no parece” que la economía “tenga un efecto significativo”. Esto explica que en tan solo cinco países de los analizados el volumen de autónomos ‘forzosos’ está por encima de España. Se trata de Eslovenia, Portugal, Letonia, Eslovaquia y Rumanía. En la banda contraria, se sitúan de menor a mayor proporción, Austria, Dinamarca, Suiza, Bélgica, Irlanda, Hungría, Suecia, Noruega, Reino Unido y República Checa.
Algo similar ocurre en las comunidades autónomas con condiciones de mercado menos favorables, donde la tasa de autónomos involuntarios y dependientes es mayor. Y, a la inversa, los emprendedores por vocación se ubican en las regiones que cuentan con una fuerte industria manufacturera. Así, el informe pone de manifiesto la brecha existente entre territorios como Galicia, donde la cuota de involuntarios supera el 30% y el 25% en otras como Asturias, Andalucía y Cantabria. Por debajo del umbral del 20% se encuentran Islas Baleares, Castilla-La Mancha, Aragón o La Rioja.