Los autónomos han sido de los colectivos más perjudicados desde el inicio de la pandemia. Al retraso en la falta de ayudas con las que amortiguar el impacto de la crisis sanitaria, se unen otros problemas estructurales inherentes al sistema, que ya arrastraban antes de la COVID-19. La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) calcula que 206.007 emprendedores han tirado la toalla en lo que va de año.
Si bien la cifra contrasta con las 245.084 altas registradas entre enero y junio de 2021, situando el dato global en verde, desde Upta alertan de que la tasa de reposición a la que está acostumbrado el colectivo, además de ser “un despropósito”, representa el talón de Aquiles del tejido productivo. Situación ante la que lamentan que este asunto no se haya abordado con determinación.
“Los datos de la serie histórica de afiliación del RETA nos indican que existe una puerta giratoria para miles de profesionales autónomos que entran y salen del mercado de trabajo, sin que este sea capaz de lograr, con firmeza, una permanencia más larga de dos años de vida para la gran mayoría de las actividades”, advierten. Desde la citada asociación sitúan la tasa de fracaso en torno al 80%, lo que se traduce en que ocho de cada diez no llegan a superar los 24 meses de cotización en el RETA.
En conjunto, la Seguridad Social ha contabilizado alrededor de 650.000 altas, en consonancia con el número de bajas, comportamiento que, a juicio de UPTA viene a confirmar el “auténtico fracaso” de las políticas de incentivos al inicio de la actividad, entre las que se encuentra la tarifa plana. “Tan solo han servido para decorar los datos estadísticos a corto plazo: una fotografía distorsionada que maquilla la verdadera realidad”, apostillan.
Con la mejora de la evolución epidemiológica fruto de la campaña de vacunación y la recuperación en cierta medida de la actividad a la vuelta de la esquina, desde la organización aseguran que España ha perdido la oportunidad de conseguir una transformación del modelo económico del tejido patrio. “La transformación que tendría que haberse puesto en marcha de forma urgente, no se ha producido durante la COVID-19”, añaden.