Transcurrido un año desde el inicio de la pandemia, es tiempo de hacer un análisis y destacar el comportamiento ejemplar de los partícipes que, unido a la posterior estabilización de los mercados, permitió cerrar el año en términos positivos de rentabilidad, especialmente la categoría de renta variable internacional, y sin apenas, pérdida de patrimonio.
En lo que se refiere a fondos de inversión este año 2021, esperamos que sea positivo en términos de suscripciones y de rentabilidades, a medida que la recuperación económica se vaya confirmando en paralelo a la evolución de la crisis sanitaria y a su progresiva menor intensidad. Desde luego el inicio del año no ha podido ser mejor en cuanto a suscripciones y rentabilidades se refiere.
La canalización del ahorro con liquidez en 2020 se ha realizado como un ahorro precaución en depósitos a la vista, si bien debería ir desviándose a fondos de inversión, instrumento de ahorro óptimo por sus características (diversificación, gestión profesional, liquidez, fiscalidad, supervisión, etc.), y al menos con una perspectiva de rentabilidad en el medio plazo.
En lo que atañe a planes de pensiones, en la mente de todo ahorrador de largo plazo, más allá de la preocupación por la evolución del COVID-19 (en el que los Planes han aportado liquidez a más de 50.000 familias), tiene que estar presente la necesidad de ahorrar para la jubilación y, en el ámbito público, avanzar en las necesarias reformas para hacer sostenible el sistema de pensiones de reparto.
Desgraciadamente, el recorte drástico del límite de aportaciones desde este año va a suponer un freno al desarrollo del tercer pilar (planes individuales), al no venir acompañado de alternativas previas para redirigir esas aportaciones al segundo pilar (planes de empresas), que choca de frente con la realidad del resto de países de la Unión Europea, que han desarrollado los tres pilares en los que deben apoyarse las pensiones.