Hace tan solo unos días pudimos observar la caída generalizada de los valores de las principales marcas de automóviles europeas como Volkswagen, Stellantis o Aston Martin, motivadas principalmente por el anuncio de profit warnings, enfriando las expectativas de venta de vehículos y los beneficios de estas empresas, y esto sólo lo podemos entender si tenemos en cuenta el contexto de la industria.
El sector de la automoción está cambiando a una velocidad a la que no estaba acostumbrado. La disrupción tecnológica, el incremento significativo de la competencia y el cambio en las tendencias del consumidor están poniendo en riesgo la cuota de mercado que habían ocupado las marcas tradicionales que todos tenemos en mente.
Hace poco más de 10 años, los vehículos eléctricos parecían una quimera para la inmensa mayoría de los ciudadanos. Recuerdo, con cierta añoranza, aquel Twizy que tuve en mi primera experiencia profesional en Renault, y he de reconocer que las sensaciones por aquella época ya eran distintas a un vehículo de combustión.
En poco más de una década, vemos, por primera vez en la historia, que un vehículo eléctrico, el Tesla Model 3, está a punto de conquistar el liderazgo en ventas mensuales en España. Más allá de interpretarlo como algo coyuntural por el agresivo planteamiento comercial sumado a las ayudas estatales, es un hito conseguido como resultado de un planteamiento único en producto y distribución. Y el modelo planteado por Tesla está siendo adoptado rápidamente por incipientes competidores asiáticos.
Es cierto que las administraciones están intentando, a través de medidas proteccionistas como la imposición de aranceles a las importaciones de vehículos cuyo origen es China, proteger la industria europea, vital para el empleo y la generación de riqueza. Pero ampliando las miras, es una medida cuya efectividad podría verse limitada en el medio plazo por la implantación en Europa de marcas chinas con un modelo, a priori, de ensamblaje de piezas, como está planteando Omoda en la antigua fábrica de Nissan en Barcelona. En un intento por analizar la causa raíz, estas medidas solo ralentizarán la transformación radical que la industria necesita.
