Las cifras de morosidad empresarial que hay sobre la mesa siguen siendo, cuento menos, preocupantes. Las últimas disponibles nos llevan a mirar a las del Observatorio creado por Cepyme, la patronal de la pequeña y mediana empresa, que marcan su mayor repunte trimestral en nada menos que doce años.
Así, en el primer trimestre de este año, siguiendo los datos de la evolución de la mora a través del periodo medio de pago, la deuda comercial con retraso de pago alcanza el 73,3%, 3,6 puntos más frente al trimestre anterior. La cantidad total supone 348.992 millones de euros, nada menos que un 42% más que en el año anterior.
Si a eso le sumamos, el aumento intensivo de la inflación, que ha llegado a superar el doble dígito de media, con algunas partidas incluso por encima de esa cota que encarecen sobremanera los costes empresariales, tenemos una tormenta perfecta, que se ve aderezada además con lo que nos viene: el mantenimiento de los precios de consumo en niveles altos y un crecimiento económico que se prevé nimio en 2023, e incluso por debajo del 1% en determinados casos.
Un cóctel en el que el pago medio se coloca en casi 84 días de media y subiendo. A más mora, menos liquidez, y la situación de las empresas, en algunos casos, es cada vez más precaria. Cepyme incluso reconoce que las empresas, cada vez en un número más creciente, lo identifican como un problema con perspectivas negativas, en especial, por el incremento que no cesa de los precios energéticos, hasta, al menos, la próxima primavera.
La morosidad lleva en muchos casos a los concursos
Se trata, por tanto, de una presión añadida sobre los ya castigados costes empresariales, con riesgo de impacto o al menos de retraso para hacer frente a las obligaciones del día a día. De hecho, la consecuencia más inmediata es la contracción del tejido empresarial que ya se está produciendo.