Para muchas personas, los wearables se han convertido en una herramienta clave para detectar señales que, de otro modo, pasarían inadvertidas. Un ejemplo común es el de quienes reciben en plena jornada laboral una notificación por ritmo cardíaco irregular.
No hay un médico al otro lado, pero esa alerta temprana basta para acudir al centro de salud y descubrir una arritmia leve que llevaba tiempo gestándose. Así, un pequeño aviso cotidiano puede anticipar problemas mayores.
¿De mero gadget a centinela de salud?
Hace apenas una década, los smartwatches eran un pasatiempo para aficionados al deporte; hoy, funcionan como un escáner de salud constante. Detectan frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno, patrones de sueño y temperatura corporal. Gracias a sofisticados algoritmos, algunos modelos ya alertan sobre anomalías como fibrilación auricular o bajadas de oxígeno antes incluso de que los síntomas sean evidentes.
Este salto tecnológico convierte el wearable en un aliado invisible pero presente en el día a día: ocio, trabajo, descanso… y, cada vez más, salud.
El crecimiento imparable de un mercado convergente
En 2024, España alcanzó aproximadamente 1.740 millones USD solo en gadgets inteligentes de salud y bienestar; a nivel global, este mercado ya supera los 150.000 millones USD. Este auge no es solo por consumo, sino porque centros sanitarios y aseguradoras lo implementan como parte de estrategias de salud digital.
