"Eppur si muove", la frase teóricamente pronunciada por Galileo podría aplicarse a los índices americanos, aunque en sentido inverso. Y, sin embargo, no se mueven.
La bolsa americana prosigue impasible en su zona de máximos donde se mueve con tranquilidad, hundiendo a los indicadores de volatilidad, recuperando con velocidad sus suaves caídas y limitando las subidas a pequeños porcentajes para evitar la avaricia e ímpetu de los inversores más agresivos.
Los inversores parecen haber encontrado su Arcadia y el mercado les demuestra que no importan las devaluaciones del Yuan, las caídas en materias primas, los escasos márgenes del sector bancario o la salida de Reino Unido de la Unión Europea. No importa lo que ocurra en el exterior o interior del país porque una vez que hemos tenido una caída brusca, el mercado se apresura a comprar para recuperar el terreno perdido.
La imperturbable fortaleza del mercado americano supera todos los argumentos que deberían implicar una fuerte caída en las valoraciones. El CPI de transporte lleva cayendo desde 2014 y alcanza actualmente niveles de 2011, mientras tanto el Dow Jones se sitúa más de un 50% por encima de dichas valoraciones. Algo similar ocurre con la confianza del consumidor, atascada desde hace meses y sin superar los máximos de 2015 y de 2007, mientras que el mercado ha barrido estos máximos.
Son muchas las divergencias que podemos encontrar entre datos manufactureros, precio de vivienda, producción industrial, estimaciones de beneficios (cinco trimestres consecutivos de caídas) y otros datos similares con amplia repercusión en el PIB americano. Sin embargo, esas señales "bajistas" no son tenidas en cuenta por unas bolsas amparadas en la fortaleza del mercado laboral, en niveles muy similares a los de 2007, y sobre todo por la política monetaria de la FED.