2018 fue un año complicado. Numerosas fuerzas opuestas colisionaron: la Fed subió tipos en un contexto de ascenso de la inflación, escaso desempleo y crecimiento sólido, al tiempo que las turbulencias macroeconómicas desencadenaron giros bruscos en los mercados.
Las rentabilidades de los hedge funds en 2018 cayeron por término medio en la mayoría de las estrategias, aunque batieron al índice MSCI World TR. No resultó nada fácil encontrar una inversión rentable.
En cuanto a estrategias, las peor orientadas fueron las de los gestores con exposición a beta de renta variable, puesto que el desapalancamiento mundial iniciado a partir de octubre y hasta el 21 de diciembre cogió a muchos por sorpresa. Las más resistentes fueron las estrategias de arbitraje y cuantitativas a corto plazo, que sacaron partido del aumento de la volatilidad en la renta variable.
Todo ello abre un abanico en las inversiones alternativas. Los gestores que buscan oportunidades en la adquisición y posterior venta de este tipo de activos disponían de un montante de 2,1 billones de dólares (más de 1,8 billones de euros) pendientes de invertir a 30 de junio del pasado año. Es decir, unos números de récord que por primera vez en la historia permite a esta industria rebasar la cota de los dos billones de dólares, tal y como muestran los datos de Preqin, el servicio de estadísticas que reúne información procedente de todas las geografías.
Con este telón de fondo, está claro que el apetito por lo alternativo está más latente que nunca. De ahí a que puedan haber varias estrategias que pueden ser atractivas desde este punto de vista, con las que sacar partido del actual entorno de final de ciclo.