Cada vez se oyen más voces de sirena sobre la posibilidad de que la próxima recesión (que podría estar al caer) propicie una enorme bofetada sobre las principales economías desarrollados generando un efecto realmente crudo sobre las bolsas. El mercado y las clases de activos ya lo están notando. Por eso, anticiparse a lo siguiente resulta cada vez más completo. Y, aún más, ver si aún quedan opciones con las que extraer rendimientos a nuestras carteras.
La pregunta clave con la que lidian hoy en día los propietarios de los activos estriba en si nos encontramos en fases avanzadas del ciclo económico estadounidense o si estamos al final de ese ciclo. Establecer una diferenciación entre esos dos conceptos es de vital importancia. Y es que la historia ha demostrado que los activos se comportan de forma muy diferente en las distintas fases del ciclo; mientras que la renta variable suele rendir mejor que la renta fija durante las fases avanzadas de una expansión, los bonos acostumbran a superar a las acciones en los primeros compases de una recesión.

A este respecto los expertos de PIMCO señalan que el momento «es clave», puesto que precipitarse al considerar que se ha iniciado una recesión puede «resultar tan caro como identificarla demasiado tarde, y hay que tener en cuenta la variada experiencia que han vivido históricamente los inversores en renta variable en la antesala de una recesión«.
De esta manera, de cara a las oportunidades de las que beneficiarse en cartera, estos analistas consideran que en 2019 la rentabilidad de los activos dependerá de que los inversores sean capaces de «gestionar el riesgo bajista», además de «aprovechar anomalías de valoración cuando se produzcan». De ahí a que puedan haber alternativas interesantes en las que invertir, por una penalización injustificada por parte de los mercados.