"India ha ganado". Fueron las primeras palabras en Twitter del nuevo primer ministro tras su victoria, el pasado mes de mayo. Su partido Bharatiya Janata venció de forma abrumadora en las mayores elecciones del mundo. Tras un mes de votaciones, dada la enormidad del país, la formación de Modi obtuvo un 31% de los más de 600 millones de sufragios. Barrió al Partido del Congreso (CNI), el de los Gandhi, que tuvo que conformarse con un 19%. "No lo esperábamos, pero aceptaremos cualquier decisión que la gente haya tomado", decían desde los cuarteles generales del CNI. Modi obtenía así un fuerte mandato de cambio en el país, el más contundente desde que el asesinato en 1984 del primer ministro Indira Gandhi lanzase a su hijo Rajiv Ratna Gandhi al Gobierno. Ahora ha llegado el momento de hacer balance de su primer año en el poder.
"India va a convertirse en un centro manufacturero, y ese es un cambio enorme", explica desde Bruselas Gauri Khandekar, directora del programa Agora Asia Europa. "Por supuesto, implica llevar a cabo una serie de reformas que el Gobierno está implementando".
Golpes de timón macroeconómicos
"No vamos a dejar ninguna piedra sin remover hasta que creemos una India vibrante y fuerte", decía en la presentación de su primer presupuesto el ministro de Finanzas, Arun Jaitley. Daba así el pistoletazo de salida a las "Modinomics", las recetas económicas de Narendra Modi: "maximizar la gobernanza minimizando el Gobierno".
En esos presupuestos, los de 2014, se prometía un aumento del gasto del 8%, lo que lo mantenía esencialmente sin cambios tras restar la inflación, que es del 10% anual. Se prometía la venta de 10.000 millones de euros en activos del estado, reducir los subsidios, y elevar los límites máximos de inversión extranjera en Defensa y Seguros del 26 al 49%.