Amaia Cuida personaliza la atención en residencia

La startup usa IA para humanizar los cuidados, conocer mejor a cada mayor y transformar la vida en residencias.

Amaia Cuida personaliza la atención en residencia

La startup usa IA para humanizar los cuidados, conocer mejor a cada mayor y transformar la vida en residencias.
Fundadores Amaia Cuida

Todo empezó con una abuela. Se llamaba María, y de ella nació algo más que un recuerdo familiar. Alberto y Lucía Villanueva Tormo encontraron en esa relación una forma de mirar la vejez con cariño, respeto y ambición. Amaia Cuida nació para que cuidar no fuera solo asistir, sino conocer.

La startup valenciana desarrolla una aplicación para residencias de mayores que ayuda a recoger historias de vida, gustos, rutinas y necesidades. Su propuesta es sencilla de explicar y difícil de ejecutar: usar la tecnología para que cada persona reciba un trato más personalizado. No un café con leche para todos, sino el café cortado, el zumo o el gesto que reconoce a cada residente.

La primera idea no fue la definitiva. Empezaron con una herramienta de comunicación, casi como un Instagram familiar, pero pronto vieron el límite: la información no llegaba a quienes cuidan en el día a día. El giro llegó al entender que la innovación debía bajar al pasillo, al comedor y a la rutina. Ahí entró la IA: entrevistas, perfiles y planes personalizados que se adaptan por semanas.

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El camino tampoco fue cómodo. La empresa arrancó con ahorros y apoyo familiar, hasta que la financiación se convirtió en una urgencia. Enisa apareció en un momento crítico con un préstamo participativo que les permitió seguir, cubrir salarios y reforzar la parte comercial. Para sus fundadores, ese impulso no solo sostuvo la caja: también ayudó a crear empleo y futuro.

Hoy, Amaia Cuida ya se implementa en 50 residencias y ha empezado a abrir conversación en el sector sociosanitario sobre cómo deben ser los centros del futuro. Su foco está en la dignidad, la autonomía y la relación humana. La digitalización aquí no sustituye el cuidado; lo hace más preciso y más cercano.

El reto que tienen delante es grande: crecer sin perder sensibilidad. Porque su producto no va de pantallas, sino de memoria. De saber cómo se llama alguien, qué música le calma o qué actividad le devuelve una parte de sí mismo. Como imagina Alberto, quizá el futuro sea una residencia con huerta, mus, vermut antes de comer y Amaia Cuida funcionando en silencio.