El ecosistema financiero tiene una regla no escrita: cada dólar desplegado en garantías puede movilizar hasta quince dólares en financiación privada. Sin embargo, en América Latina las garantías de crédito representan apenas el 0,7% del PIB, una cifra minúscula comparada con el 2% europeo o el 6% de la región Asia-Pacífico. Las barreras son, sobre todo, estructurales: ecosistemas fragmentados, un fuerte atraso tecnológico y esquemas de cobertura estrictamente locales.
Para romper ese techo de cristal nace «Anzi Finance». Esta «startup» ha desarrollado una infraestructura para fianzas de crédito que permite a bancos, cooperativas y empresas «fintech» ampliar su capacidad de concesión de préstamos reduciendo drásticamente el riesgo asumido. La idea es construir los cimientos tecnológicos que faltan para que la demanda de crédito productivo y los mecanismos de garantía crezcan al mismo ritmo.
La cadena de bloques como auditora
El verdadero músculo de la plataforma reside en su arquitectura técnica, sustentada en tecnología «blockchain». Este enfoque permite tokenizar cada licencia y cada garantía que se emite, aportando una trazabilidad milimétrica y una automatización inédita en la región. Al digitalizar todo el ciclo de vida de las fianzas, la gestión de reclamaciones y los pagos se ejecutan de forma transparente mediante el uso de «smart contracts».
Detrás de esta maquinaria hay un fuerte componente humano y estratégico. El proyecto fue fundado desde España por un equipo nativo: los colombianos Andrés Valencia y David Ramírez, el mexicano Luis Castañeda y el uruguayo Matías Marmissolle. Operar entre ambos continentes tiene todo el sentido táctico; desde Europa están cerca de los grandes grupos financieros y del capital institucional, mientras que en Latinoamérica despliegan la infraestructura para canalizar esos recursos.
Inyección de 25 millones para la expansión
El producto ya ha demostrado su encaje sobre el terreno. Hasta la fecha, la compañía ha logrado emitir más de 100.000 fianzas de crédito en Colombia, su banco de pruebas y mercado principal. Para pisar el acelerador, acaban de cerrar un plan de financiación de 25 millones de dólares para los próximos cinco años, liderado por el fondo español Tritemius Fund I.
Con este nuevo combustible, el equipo ya prepara su desembarco inminente en Perú y Uruguay. Buscan mercados con un sistema financiero de profundidad media, regulación amigable y apertura a la competencia. El objetivo final a largo plazo no es solo comercial, sino estructural: convertirse en la arteria principal por la que fluyan las garantías de crédito en las economías emergentes.