Casi venciendo el plazo fijado por el juez de Nueva York Thomas Griesa (30 de julio) para pagar 1.300 millones de dólares a los fondos financieros "buitre" (aquellos que reclaman la totalidad de la deuda; el NML, de Paul Singer, a la cabeza), Argentina ha desembolsado la cuota de 539 millones que le debía a los bonistas que aceptaron cobrar menos y ha dejado abierta la expectativa sobre el tratamiento que dará al valor que le exigen los acreedores más irreductibles.
"La República Argentina hizo saber a los tenedores de deuda adherentes voluntarios a los canjes de 2005 y 2010, que hizo el depósito de las sumas correspondientes a los próximos vencimientos a ocurrir el 30 de junio", expresó el gobierno argentino en un comunicado, señalando que el depósito cumple con el compromiso asumido frente al Bank of New York Mellon.
Debido a la sentencia judicial firme en ese sentido, el país se arriesgó a un embargo de su depósito, decisión que el juez podría tomar para cumplir con el fallo en favor de los "buitres" y respecto de la cual el gobierno deslinda "cualquier responsabilidad y/o incumplimiento que pretenda imputársele a la República".
Marchas y contramarchas
Antes del desembolso, la administración de Cristina Fernández había reaccionado de manera errática al fallo, primero rechazándolo, luego condicionándolo, más tarde aceptándolo y nuevamente rechazándolo. El gobierno llegó a publicar una carta en diarios de Estados Unidos, presentó abogados para negociar una reestructuración y hasta envió a su ministro de Hacienda para explicar en la ONU un plan alternativo, sin nada conseguir en su intención de cambiar la decisión del juez.