Invertir en movilidad es el modo en que utilizamos, suministramos de energía y controlamos todos los medios de movilidad, para ayudar a empresas, consumidores y gobiernos a transportar personas y activos de forma más eficiente y segura. Nos hallamos en las fases iniciales de una transformación que alterará profundamente nuestro mundo a través de grandes avances en tecnología y hábitos de consumo en la próxima década y más allá.
Estamos en un momento oportuno y clave para apostar por esta tendencia de inversión gracias a la aparición del 5G, el almacenamiento en la nube, la ciberseguridad y el edge computing, ya que todas ellas son áreas fundamentales para el desarrollo de los vehículos autónomos. A esto se suma la presión regulatoria, que está obligando a los grupos de automoción a desarrollar más vehículos eléctricos a fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Esto está impulsando la innovación y no hará más que intensificarse con el tiempo, gracias a planes gubernamentales para el abandono de los motores de combustión interna.
A medida que los vehículos eléctricos se hacen más eficientes y asequibles, ganan aceptación entre el público en general, elevando las ventas y los beneficios de las primeras empresas en adaptarse.
¿Cuáles son los retos?
Los centros urbanos se enfrentan a retos inmediatos que requieren un cambio significativo. En menos de una generación, la población mundial habrá alcanzado los 10.000 millones de personas, y se prevé que dos terceras partes vivirán en ciudades. Esto supondrá inevitablemente un mayor tráfico, trayectos más largos y más víctimas de accidentes, la gran mayoría de los cuales obedecen hoy en día a error del conductor. El uso de motores existentes de combustión interna como principal método de propulsión elevará drásticamente las emisiones de GEI e intensificará su efecto en la salud y el medioambiente.
¿Cómo puede ayudar la innovación en movilidad?
Los catalizadores que impulsan esta innovación en movilidad están transformando nuestra futura percepción del transporte. Los coches estarán conectados entre sí y a la infraestructura que los rodea (como por ejemplo otros vehículos, peatones y edificios), lo cual elevará su seguridad y la eficiencia del tráfico. Los sistemas conectados permitirán la asignación óptima de plazas de aparcamiento, con lo que el tiempo de desplazamiento se reducirá. Las nuevas fuentes de energía y formas de transporte reducirán enormemente las emisiones, tanto de contaminación como de ruido.