Acciona ha presumido siempre de su política de ESG y debida diligencia. Se sabe en un sector complicado, el de la construcción, y en operaciones de alto riesgo, especialmente cuando se establecen relaciones mercantiles con el sector público.
Pese a los esfuerzos, los mecanismos no funcionaron. Es más, todo estalló por los aires, también su reputación corporativa.
La empresa de la familia Entrecanales se ha visto gravemente señalada en las últimas investigaciones judiciales, que implicarían a la constructora en casos de corrupción y amaño en la contratación pública.
Las acusaciones han erosionado la legitimidad de su propósito, la confianza de sus inversores y una percepción positiva de la sociedad en su marca, generando, por consiguiente, un clima de incertidumbre en torno a la compañía.
Acusada como corruptora en tertulias y medios de comunicación – de editoriales y significaciones variopintas-, la compañía ha decidido instalarse en una espiral del silencio.