Una de las principales consecuencias de la caída a «cero» sufrida ayer en España ha sido el problema en el transporte. La falta de electricidad afectó a metros, trenes, aeropuertos y a la movilidad urbana en todo el territorio nacional, generando molestias y malestar entre la ciudadanía y cuantiosas pérdidas económicas.
La primera señal visible fueron los semáforos de las ciudades que aparecían sin luz obligando a conductores y transeúntes a autogestionarse hasta la señada de los primeros agentes de movilidad a imponer orden a golpe de silbato. Mientras tanto, miles de pasajeros se quedaban dentro de vagones de metros que se quedaban inmóviles y a oscuras o varados en trenes que interrumpían su servicio por falta de electricidad.
En la jornada del lunes, los metros y trenes de cercanías cerraron sus puertas dejando a sus usuarios sin apenas alternativas para regresar a casa más allá del paseo que, en algunos casos, era muy largo. La hora punta, por fortuna, había pasado. No obstante, la peor parte se la llevaron los pasajeros de trenes de larga distancia y vuelos. Sin electricidad era imposible viajar en tren o en avión.
La última huelga de transporte en 2019 dejó a Renfe un agujero de más de un millón de euros por lo que se estima que el impacto de la situación de ayer pudo ser similar. Para las aerolíneas el coste pudo ser similar si se tiene en cuanta la cantidad que perdieron en la huelga de controladores de 2020.
A todo esto hay que seguir sumando, las conexiones aún no se han restablecido en su totalidad y hay trayectos que permanecen suspendidos. Añadiendo que los viajeros que ayer se quedaron en tierra deben ser reubicados y, por consiguiente, esas plazas no saldrán a la venta, la cuantía será mucho mayor.
