La experiencia es un grado, parece claro. China parece haber superado ya la crisis sanitaria desde hace semanas, mientras en Europa se comienza a sacar la cabeza y en EE.UU. aún lucha contra el famoso pico mientras la economía y el empleo registran sus peores cifras. Además, como recuerda Miguel Ángel García, director de inversiones de Diaphanum, en chino “crisis también significa oportunidad”. Y desde esta firma la siguen viendo en este país. Recuerdan que, a pesar de todo, este año logrará tener tasas de crecimiento positivas, por lo que siguen positivos tanto en China como en India.
Para Diego Fernández Elices, director de inversiones de A&G Banca Privada, la lógica táctica de ir primeros en la desescalada y la reapertura es un argumento a favor para fijarse en China y, en general, en Asia a la hora de invertir en emergentes, donde es más positivo en la parte de renta fija que en renta variable. Y es que, sobre el papel- el país será el primero en salir de la crisis.
Una evidencia, la de que el gigante asiático está a la cabeza del ciclo, que también subraya Gilles Prince, de Edmond de Rothschild.“Las empresas locales deberían tener la ventaja de ser las primeras en volver a las condiciones normales de trabajo, y esto debería reflejarse en la estabilización y recuperación de los beneficios y luego en los precios de las acciones”. A su juicio, antes de la crisis, las valoraciones no eran muy estrictas y siguen sin serlo ahora en comparación con los mercados desarrollados, mientras que el rendimiento de los índices en 2020 ha sido bastante resistente, con un Shanghai Composite, por ejemplo, abajo en torno al 4,8% en lo que llevamos de ejercicio.
¿En qué centrarse?
Prince se fija en la renta variable del gigante asiático, aunque apunta que la clave del éxito está en ser muy selectivo. “No todas las empresas se comportarán igual de bien en la fase de arranque”. Este experto constata que, dado que la demanda mundial aún no ha mejorado y las cadenas de suministro no están a pleno funcionamiento, “los sectores orientados a la exportación, como la maquinaria, la electrónica y las pequeñas empresas, continúan sufriendo”. De ahí que crea que “deberíamos centrarnos en las empresas nacionales que podrían beneficiarse de los cambios de hábitos que la crisis del virus está generando. La educación online, los programas informáticos y el comercio electrónico parecen prometedores dado que las compras pueden haberse retrasado en lugar de haberse anulado”, explica.