Internet… Ese abismo de la información infinita que forma parte de nuestras vidas y que, a la vez, infunde un tremendo respeto a todos los usuarios, sea cual sea el uso que hacemos de él. Internet nos conoce, sabe nuestro número de DNI, nuestra dirección, sabe si vivimos solos o en pareja, si tenemos hijos… Conoce todas nuestras cuentas, desde las bancarias hasta las de correo electrónico; sabe si somos personas sanas o padecemos alguna enfermedad crónica… Sabe qué hábitos de vida tenemos, si viajamos con frecuencia, si nos gusta el cine, la música, en qué hipermercado compramos… Sabe si dedicamos el tiempo libre a la familia o si preferimos devorar las redes sociales en soledad.
Internet lo sabe todo. Y cuando hablo de "Internet" me refiero al infinito número de empresas, organizaciones y gobiernos que hay detrás de la red. "Es aquí donde podemos hacer una reflexión sobre los ataques a la privacidad y acopio de informaciones que forman parte de la intimidad de las personas, algo ante lo que los ciudadanos están indefensos.
En primer lugar, porque quienes deberían velar por proteger dichos derechos, los gobiernos, no sólo no están preparados para combatir el deterioro de la privacidad, sino que a menudo son los primeros en vulnerar y agredir esos derechos. Y, en segundo lugar, por una cuestión práctica, y es que como bien saben las personas que se preocupan por mantener su anonimato personal, la privacidad lamentablemente es cada día menos un derecho y más una técnica", sentencia Javier Flores, responsable del Servicio de Estudios y Análisis de la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver).
Tráfico de datos
Internet abre la puerta cada día a millones de hackers que trafican a sus anchas con datos de usuarios de la Red. No hay nadie que se resista a las garras de estos profesionales. Muy sonado fue el caso de Abraham Abdallah, neoyorquino de 32 años, que en 2001 logró hacerse, a través de los ordenadores de una biblioteca, con los números de tarjetas de crédito y Seguridad Social, dirección, teléfono e inversiones bursátiles de personalidades tan relevantes como el cineasta Steven Spielberg, el político y dirigente empresarial Ross Perot, o el multimillonario estadounidense Ted Turner, entre otros.