El fenómeno de la subida de precios de consumo y su impacto económico es tan global como la pandemia. En realidad, es un efecto directo del lugar al que nos ha dirigido la Covid-19 a todos los países. Los precios en negativo del año pasado contrastan sobremanera con los repuntes elevados que vemos en la inflación global. Ahora, lo más difícil es establecer si estamos, en esta situación creada, ante un panorama de precios que durará unos meses y luego se reconducirá, o si, por el contrario, este incremento ha venido para quedarse y lastrar la recuperación creando varias velocidades.
INFLACIÓN COYUNTURAL O ESTRUCTURAL
Los mercados financieros han venido apostando, junto con numerosos economistas, porque la subida generalizada de los precios va a permanecer durante mucho tiempo, en nuestros productos y servicios. Un aumento que repercutiría negativamente, ya que debería trasladarse a salarios públicos y privados así como a las prestaciones para que los ciudadanos y las empresas no perdamos poder adquisitivo. Un empeño muy difícil, sin contar, con la repercusión que tendría para los colectivos menos favorecidos y más que dañados por la crisis pandémica. Todo sería más caro y, por si esto fuera poco, mes tras mes, sostenido en el tiempo.
Y es una tesis, que, en general, la de volver a los niveles de precios de consumo de los 70, va perdiendo fuerza. Incluso, la más que prestigiosa encuesta de los gestores de compras que cada mes publica Bank of America recoge que los precios se contendrán en el año próximo y 7 de cada 10 piensan que será coyuntural, un cambio sustancial con meses precedentes cuando pensaban lo contrario.
Esa temporalidad de la subida de precios la reflejan claramente los bancos centrales. Desde la FED al BCE con las declaraciones del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos en las que destaca, en estos días, la transitoriedad de la medida.