La escalada de los precios en la zona euro ya ha provocado una reacción del Banco Central Europeo, aunque leve. Los expertos esperaban un dulce golpe de timón, en base a una apreciación que tanto instituciones privadas como públicas consideran transitoria.
En España, el Instituto Nacional de Estadística confirma un aumento de cuatro décimas en la tasa interanual del IPC. Eso eleva dicha tasa al 3,3% en agosto, lejos del 2% que es el objetivo de la autoridad monetaria, si bien existen diferentes factores que quitan gravedad al aumento de precios.
Por un lado, desde la CEOE achacan la revalorización a la situación de los precios el año pasado. Hay que tener en cuenta que los precios de los productos a estas alturas de 2020 estaban sufriendo una moderación.
Por otro lado, los productos energéticos empujan la inflación casi en exclusiva, dado que también influyen en otro tipo de productos. La tasa interanual de los productos energéticos se eleva un 23,5%, mientras que el crudo Brent aumenta su precio un 59,2%. No obstante, también hay otros capítulos de la cesta de la compra que se revalorizan, como los alimentos no elaborados, que se encarecen un 2,6% con respecto al año pasado.
Por tanto, es útil tener en cuenta los precios sin contar aquellos segmentos más volátiles, lo que se conoce como inflación subyacente. De ese modo, la inflación subyacente aumenta en agosto una décima, hasta el 0,7% interanual, de modo que si se excluyen los productos energéticos, los bienes industriales se revalorizan un 0,6%, y los alimentos con elaboración, bebidas y tabaco alcanzan una tasa del 1,2%.