En los diez años transcurridos desde la crisis financiera, los mercados mundiales de crédito han experimentado una transformación, al registrar un crecimiento espectacular y una volatilidad periódica. La dinámica de los mercados sigue sugiriendo que los indicadores tradicionales, como las calificaciones y las clasificaciones sectoriales, podrían ser menos útiles, lo que complica el proceso de inversión, sobre todo para los inversores centrados en averiguar el momento oportuno para emprender sus exposiciones a la beta en determinados segmentos de crédito («investment grade», alto rendimiento, deuda de los mercados emergentes, crédito titulizado, etc.). Este tipo de apuestas direccionales en sectores de crédito concretos podría conllevar aún más riesgo conforme nos adentramos en etapas más avanzadas del ciclo crediticio.
¿Cómo pueden los inversores capear los mercados de crédito en estas fases avanzadas del ciclo? En nuestra opinión, un enfoque activo, flexible y multisectorial puede ofrecer a los inversores unos resultados a largo plazo más favorables, mediante el énfasis en oportunidades estructurales para la generación de alfa.
Tres desafíos en el mercado de crédito
Un enfoque de inversión flexible en el mercado de crédito reviste ahora una importancia crucial debido a tres factores principales:
1. Tamaño: Los mercados de crédito alcanzaron un volumen superior a los 20 billones de USD a finales de 2018, lo que supone un aumento desde los 13 billones de USD aproximadamente de hace una década (fuentes: Bank of America Merrill Lynch, J.P. Morgan, Bloomberg Barclays, PIMCO). Además del crecimiento observado en los segmentos tradicionales, otros ámbitos (como el capital bancario y el crédito estructurado) han incrementado su presencia en las carteras de crédito.