Durante décadas, los bancos se han beneficiado de la inercia de sus clientes, que les ha aportado una fuente barata y estable de financiación y una corriente de ingresos con altos márgenes. No obstante, todo esto se encuentra ahora amenazado por los entrantes del segmento de las tecnofinanzas en el sector, quienes están intentando establecerse como proveedores de plataformas de pagos, cuentas de depósito y otros servicios bancarios. Un reciente estudio de McKinsey, por ejemplo, estima que los pagos aportan cerca del 30% de los ingresos globales de la banca, y este segmento es justamente al que se dirigen los Proveedores de Servicios de Pagos (PSP) digitales.
La adopción llevará tiempo, pero el interés va en aumento (gráfico 1). Los bancos digitales, como Revolut y Monzo, ofrecen ahorros en las compras y transferencias al extranjero, permitiendo a los clientes disfrutar del tipo de cambio interbancario, más barato que los tipos de cambio ofrecidos por los proveedores tradicionales.
El verdadero riesgo, no obstante, reside en que las organizaciones tecnológicas más grandes entren en este espacio, acompañadas de su poder de marca y un arsenal de datos sobre comportamiento.
¿Dónde puedes fiarte de los dividendos?
