La recuperación, esa palabra casi tan manida como deseada desde que comenzara la crisis pandémica, se va reflejando en los indicadores, aunque la llegada a la economía real, como siempre ocurre con las grandes cifras, tardará más en producirse, como el hecho de que volvamos a reconquistar lo perdido durante el periodo más duro de la Covid-19.
Si nos fijamos en lo inmediato, en el segundo trimestre del año, vemos que la cifra inicial es del 2,8% trimestral y del 19,8% interanual, ante el pasado año en tiempo de confinamiento, que es posible que mejore en la revisión de este mes. Lo que nos indica el amplio camino que tenemos que recorrer. En especial si queremos alcanzar las cifras de crecimiento previsto para todo el año, que antes, solo veíamos en países como China. Y es que en la memoria de todos está la caída del 10,8% en nuestro PIB.
Aunque hay algunos factores que pueden ralentizar esa mejora prevista que ahora veremos. Y es que, ante la caída en el primer trimestre de nuestra economía y el avance de la segunda, debe ser en la segunda parte del año en la que se dispare la mejora.
Sin embargo, la recuperación puede verse afectada por esa quinta ola juvenil del verano, que nos ha impedido una mejora de las ratios de contagio y de fallecimientos hasta estos días, con lo que el verano, en una España donde sigue dominando a placer el empleo y la actividad en el sector servicios, no haya mejorado como debiera.
Un tercer trimestre que también está marcado por las restricciones, la recuperación de los datos laborales, sí, pero demasiado estacionales, y donde la cautela se puede transformar en más incertidumbre, y por ende en decisiones de negocio retrasadas hasta que el panorama general mejore.