El precio de la vivienda en España vuelve a desatar cotas que no veíamos desde poco antes de la burbuja inmobiliaria. En la primera parte del ejercicio vemos como el coste ha subido a ritmos que nos recuerdan y mucho a los vividos poco antes de que se desatara la debacle inmobiliaria, en el verano de 2007. Hablamos, en cifras oficiales, de incrementos del 8,5% en vivienda libre hasta marzo en datos interanuales, creciendo a un ritmo de dos puntos frente al trimestre anterior, según Estadística.
Algo que nos puede producir escalofríos por no ser un fenómeno determinado. Y es que nos referimos a una acumulación de nada menos que de 32 trimestres consecutivos al alza en el Índice de Precios de Vivienda en nuestro país. Y hablamos de miedo, porque algunos datos nos acercan peligrosamente al fenómeno de la burbuja inmobiliaria padecida en 2008, con un stock desatado de oferta y demanda que estalló con graves consecuencias. Pero, aunque nada está escrito en piedra, lo cierto es que la situación actual dista mucho de la vivida entonces, aunque los niveles de precios que vivimos se han desatado y mucho en el mercado. Veamos las razones.
Factores que han elevado el precio de la vivienda
Llegados a este punto, lo mejor es echar la vista atrás y analizar las razones que nos han traído hasta aquí, hasta esta situación. Es obvio que el ladrillo vuelve a ser una inversión más que de primer orden en España. Basta solo con acercarse, aunque sea en momentos determinados, a algunas cifras que ejemplifican a las claras lo que estamos viviendo.
Lo primero es que la pandemia ha cambiado nuestro concepto general de vivienda. Estar encerrados en casa durante tres meses ha movilizado y si quieren también revolucionado, nuestra forma de vivir. Las casas con balcones, jardines y unifamiliares, incluso con piscina, han dejado de lado los pequeños pisos casi individuales que tanto nos gustaban. Un concepto diferente que ha propiciado compras desde el minuto uno.
También la situación económica. De nuevo, con la inestabilidad de los mercados financieros y el mayor riesgo bursátil que supone, el ladrillo vuelve a ser el centro tradicional de la inversión, para una España que sigue creyendo, como le demuestran los hechos, en la revalorización de los inmuebles como algo tangible, pero sobre todo rentable y seguro a medio y largo plazo.