Es difícil imaginar un futuro sin tecnología, pero mucho más resulta hacerlo sin un alto porcentaje de mujeres dentro del sector. A pesar de lo extraño que pueda parecer, últimos datos recogidos por la UNESCO revela que tan solo un 35% de mujeres se decanta por carreras relacionadas con la tecnología, ciencias o matemáticas.
Las carreras STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) no son de las más elegidas por las mujeres, ni siquiera las relacionadas con ciencias de la información y comunicación (TIC) en donde se está apreciando una fuerte caída en su elección dentro de las estudiantes.
En un momento de la historia en la que la figura femenina se ha reinventado, ¿qué detonantes existen para que tecnología y mujer no vayan de la mano? ¿A qué se debe que en la era de la digitalización en la que nos encontramos, exista un tan bajo número de mujeres encabezando una larga lista de éxitos relacionados con este ámbito?
La importancia de educar
Lejos de estereotipar estudios o modelos de vida, quizás haya que comenzar por pulir conceptos, más allá del “azul es para los niños y el rosa para las niñas”. Como todo, fomentar el interés por la ciencia o la tecnología, comienza desde la niñez, momento en el que un niño, independientemente de su género, empieza a demostrar sus rasgos y capacidades y en donde los adultos, en su empeño por demostrar todo de lo que son capaces, les regala no siempre acertados.
Numerosos estudios demuestran que, agudizar las cualidades de cada persona desde pequeños, a través de juegos y actividades no solo divierte a los más pequeños, sino que les facilita su desarrollo personal y profesional. Históricamente a las niñas se les ha encasillado, generalmente de forma inconsciente, en juegos relacionados con muñecas, cocinitas o princesas. Por el contrario, no se les animaba a entretenerse con juguetes de construcción, motor o inventos, que claramente fomentan la ciencia y a la larga, termina por impulsar esa elección de estudios superiores relacionados con ella. Paulatinamente esta tendencia va cambiando, pero aún sigue lejos de haberse normalizado por completo.