El paso adelante de las veinte mayores economías del mundo se entiende si se estudian los datos con detenimiento. Estos veinte países, donde vive el 60% de la población y donde se concentra el 80% del PIB mundial, han acordado un mismo argumentario para dirigirse a las multinacionales.
Esas grandes empresas son las principales afectadas por el acuerdo que firmó hace unas semanas la OCDE y que se reafirmó la semana pasada en Venecia, en la cumbre de ministros económicos del G20. El principal compromiso es el de establecer un tipo mínimo del impuesto de sociedades del 15%.
No obstante, hay que tener en cuenta que algunos países, como Irlanda, no suscribieron dicho convenio y que, sobre todo en Europa, el tipo es bastante superior. Por ejemplo, España mantiene un gravamen del 25%, Alemania lo establece en el 15% y Francia se encuentra alrededor del 28%.
Por eso, lo que busca este pacto no es tanto asegurarse de que existe ese 15% mínimo, sino que procura las herramientas para conseguirlo. Esa intención tiene que ver con que, a pesar de que el impuesto de sociedades español es uno de los más altos, la recaudación efectiva se reduce al 15% en el caso de las pymes y al 6,6% para las grandes empresas.
Las numerosas exenciones que existen, así como las diferentes estrategias fiscales de las compañías más grandes inciden sobre la recaudación de este impuesto. De hecho, 22 multinacionales españolas pagan apenas un 1,3% de su beneficio global.