Uno de los deseos de Donald Trump desde el principio de su legislatura ha sido tratar de rebajar los precios del petróleo, ya que considera que una energía barata ayuda a estimular la economía. Además de los numerosos comentarios contra la OPEP, durante los últimos meses ha intensificado las sanciones sobre Irán y Venezuela.
El problema está en que la OPEP y sus socios, que controlan más de un tercio de la producción, están tratando por todos los medios de incrementar los precios para apuntalar sus economías. Desde hace ya más de dos años, esta organización, está realizando una serie de recortes en la producción con la intención de equilibrar el mercado.
Obsesión de Trump
En las últimas semanas, el presidente norteamericano ha tratado de influir sobre los precios del crudo de manera directa o indirecta. Primero, ha anunciado su intención de endurecer las sanciones a Irán, eliminando la exención que tenían ocho países de seguir comprando petróleo iraní.
En segundo lugar, la creciente escalada de tensiones comerciales entre EEUU y China ha avivado las dudas sobre una posible desaceleración económica. Lo que se traduce en unas menores perspectivas de crecimiento, así como una potencial reducción de la demanda de crudo.