Acabamos de ver un claro ejemplo de buena evolución del consumo: una Semana Santa de grandes cifras para el turismo, sobre todo el nacional, a pesar de la desbordada inflación que padecemos. El panorama general, en lo que a consumo se refiere, sigue siendo claramente positivo en España para el presente ejercicio, pero se verá claramente marcado por la subida exponencial de los precios. Pero hay un factor que será claramente determinante para calibrar su evolución.
La confianza como factor fundamental en el consumo
Las decisiones de consumo siempre dependen de forma decisiva de la percepción que se tiene sobre la propia situación económica. Cuando, por ejemplo, en las encuestas del CIS se pregunta sobre si pretende hacer gastos importantes a corto e incluso a largo plazo, lo más importante es considerar la situación laboral de aquel al que se pregunta. Con trabajo y seguridad relativa en el mismo, estas compras son más habituales. Así que, el factor psicológico, de seguridad, es fundamental en este tipo de decisiones.
Señala el Banco de España en sus proyecciones macroeconómicas para este año, que el canal de confianza, o por el contrario, de incertidumbre, es el que marcará el retraso de las decisiones de consumo de familias y empresas por el efecto de la inflación, potenciada por la guerra rusa, así como por el tensionamiento que se produce en las condiciones financieras.
Y reconoce que, a pesar de que en los hogares se recurrirá al ahorro embalsado durante la pandemia, eso no evitará una recuperación más lenta del consumo real, ante la subida de los precios. Pero ese ahorro, dice el BdE, será relevante: contempla que de aquí a 2024, se llegará a gastar hasta dos tercios de lo acumulado.
Hablamos de un montante que podría elevarse hasta los 80.000 millones de euros, pero ahora mismo, recuerden, vale un 10% menos, es decir, solo 72.000 millones ante las subidas de precios, desde el 68% del agua y la calefacción, al 19,3% anual del transporte o el 32% del aceite, que abre paso a toda la alimentación.