Bruselas ya reconoce abiertamente lo que economistas, bancos y casas de análisis llevan alertando desde hace días, que la epidemia, ahora ya pandemia global, del coronavirus tendrá consecuencias severas en la economía del viejo continente hasta provocar su parálisis. Y así lo tuvo que reconocer Maarten Vervey, jefe de la dirección general de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión Europea.
Sus palabras, por sinceras y nada más comenzar la explicación técnica de las últimas medidas impulsadas por el ejecutivo comunitario, resonaron en todo Bruselas. Pero chocaron con una realidad, hacía apenas una hora que la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, acompañada de sus dos vicepresidentes económicos, la de Competencia y Edad Digital, Margrethe Vestager, y el de Economía, Valdis Dombroskis, había estado en el mismo pódium sin mencionar una coyuntura tan preocupante.
Von der Leyen, Vestager y Dombrovskis prefirieron acaparar los titulares del nuevo paquete de 37.000 millones de euros en inversiones para el sistema sanitario y en liquidez para las empresas, la exención a los Estados Miembros en el cumplimiento de los ajustes fiscales o la flexibilidad para que los bancos canalicen ayudas públicas de los gobiernos a empresas, familias y autónomos. Y obviaron las malas noticias en una clara dejación de funciones.
Fue, posteriormente, el director general Vervey quien explicó un claro escenario de recesión para toda la eurozona y la UE, peor que el documento de la Comisión visto por Dirigentes hace una semana y que dirigido al Eurogrupo ponía a Italia y a Francia ante “el riesgo de una recesión técnica en el primer trimestre del 2020 tras un crecimiento ligeramente negativo del PIB en el cuarto trimestre de 2019”. Bruselas ha analizado “los diferentes canales por los que el crecimiento se verá impactado”. Primero las ramificaciones desde China con un efecto disruptivo en las cadenas de producción hasta afectar al lado de la oferta. Segundo, los efectos sobre la demanda con “un fuerte impacto en los restaurantes, en el turismo y en el comercio minorista”, en palabras de Vervey, lo que llegará a afectar a la liquidez de las empresas por los problemas de suministro y la caída del consumo; y por último “en los mercados financieros hemos visto durante las últimas dos semanas, y en particular en esta semana, una incertidumbre creciente que merma, también, el sentimiento económico”.
Si la eurozona escapó a la tormenta perfecta en 2012 gracias a las palabras mágicas del entonces presidente del BCE, Mario Draghi, esta vuelve a aparecer en su horizonte provocada por una pandemia vírica global.