El metal dorado ha sido uno de los activos tradicionales con mayor revalorización en los últimos doce meses. De hecho, desde el pasado mes de noviembre de 2018 hasta ahora ha subido un 17,55% pasando de los 1.239 dólares por onza a los 1.466 dólares actuales. Sin embargo, el buen tono de las bolsas en los últimos meses y el acercamiento comercial están lastrando al oro.
En septiembre, tras las caídas bursátiles de agosto, el oro tocó máximos de los últimos seis años al llegar a los 1.560 dólares por cada onza. Sin embargo, los recortes en los tipos de interés de la Reservad Federal, el acercamiento comercial y la recuperación bursátil han hecho que el metal vaya desplomándose paulatinamente. De hecho, en dos meses ha perdido casi 100 dólares de valor por cada onza.
Un activo refugio
Como es sabido por todos, el oro funciona como un activo refugio que siempre sube cuando las bolsas bajan. La mejor prueba la mostró el pasado mes de mayo cuando la tensión entre Estados Unidos y China se disparó y el acuerdo negociado en el primer trimestre no se firmó. Tras el veto a Huawei y el distanciamiento, el metal comenzó a subir incansablemente desde finales de mayo hasta principios de septiembre. Esa racha alcista llevó al oro a máximos desde el año 2013.
Para paliar los efectos de la recesión y adelantarse a los datos macroeconómicos negativos, los bancos centrales de todo el mundo comenzaron a bajar los tipos. De hecho, a día de hoy ya se han producido más de 40 recortes de tipos en todo el 2019. Esto alentó a la renta variable, que comenzó a subir.
Con el Dax en máximos, el S&P 500 en máximos y el resto de bolsas manteniendo el potencial alcista, el oro fue perdiendo su brillo y ha retrocedido a mínimos de los últimos tres meses.