Durante casi dos siglos, Jaeger-LeCoultre ha diseñado, producido y ensamblado los calibres de muchos de los relojes más impresionantes del mundo. Entre los muros de su manufactura, La Grande Maison ha creado estos movimientos no solo para sus propios relojes, sino también para muchas otras prestigiosas Maisons relojeras, por lo que consecuentemente se la conoce como el relojero de los relojeros.
Guiada por los principios de paciencia, humildad, esfuerzo y dedicación por la excelencia, generaciones de ingenieros, relojeros y artesanos han construido un legado excepcional de savoir- faire que rinde homenaje a los 190 años de historia asentando con orgullo a Jaeger-LeCoultre como el relojero de los relojeros. Desde 1833, la Manufactura ha creado más de 1300 calibres diferentes, un logro impresionante en el mundo de la relojería. Cabe destacar que ha registrado más de 400 patentes, entre ellas varias que han dejado su huella en la historia de la relojería.
Esta incomparable creatividad se ha fomentado y transmitido cuidadosamente de generación en generación. La Manufactura alberga 180 oficios (diseño, producción, ensamblaje, acabado y ornamentación) que le brindan un abanico infinito de posibilidades gracias a su extraordinaria variedad de savoir-faire. Así es como Jager-LeCoultre se labró, y sigue manteniendo, su reputación como el relojero de los relojeros.
Una oda a la génesis de la excelencia
En cualquier esfuerzo creativo, la maestría proviene de la paciencia y la dedicación. La grandeza se logra convirtiendo el talento en habilidad, día tras día, un pequeño logro tras otro. La pasión se refleja en la concentración y el compromiso. Los momentos de inspiración se basan en los años de aprendizaje. La experiencia se construye a partir de innumerables y pequeños avances que se han perfeccionado a lo largo del tiempo. Al igual que en la música, el arte, el rendimiento, la literatura o el diseño, en la relojería la excelencia también evoluciona paso a paso.
Este es el manifiesto de Jaeger-LeCoultre.