El último banco central en optar por el consabido ‘esperar y ver’ ha sido la Reserva Federal (Fed), aunque sí ha reconocido que los "riesgos de corto plazo han disminuido", optando por un leve optimismo con el que hacía tiempo que no nos deleitaba… Antes, fue el turno de pulsar el botón de stand by de la autoridad monetaria británica y del Banco Central Europeo (BCE), que han preferido aguardar a tener más datos sobre el impacto del Brexit. Pero el consenso no cree que los nipones vayan en este caso a optar por la paciencia.
Muestra de ello, apuntan los expertos, son los rumores que apuntan a la inminente presentación de un paquete de ayudas valorado en 28 billones de yenes (265.000 millones de dólares) por parte del Ejecutivo de Shinzo Abe, tan pronto como la semana que viene. Más de lo previsto, que eran 20 billones y, según Reuters, un 6% de la economía japonesa.
El timing de esta inyección añade presión sobre el BoJ para que actúe. También los datos, con una inflación muy por debajo del objetivo del 2% y un crecimiento que se asoma al precipicio, y un yen que se revaloriza frente al dólar un 12% en lo que va de año.
Así, Capital Economics espera que el Banco de Japón incremente el tamaño de su programa de compra de activos (QE) hasta los 90 billones de yenes al mes, desde los 80 billones actuales; y reduzca el tipo de depósito hasta el -0,3% desde el -0,1% actual. Es más, creen que este ratio llegará a contraerse en un futuro hasta el -0,9%, aproximadamente 50 puntos básicos menos que el suelo actual que descuenta el mercado.
Y, por tanto, prevén que el yen cederá hasta niveles de 120 frente al dólar a finales de 2017; apoyando la renta variable nipona, situando el precio objetivo del Nikkei a cierre del próximo años en los 19.500 puntos, un gran potencial al alza si se compara con los 16.476 del cierre de este jueves).