La presentación en Bruselas del informe Perspectivas Regionales de Primavera para Europa fue la lanzadera del FMI para posicionarse a favor de compartir riesgos bancarios y profundizar la integración económica en el debate sobre la arquitectura de la eurozona, el campo de batalla entre el Norte y el Sur del continente.
Avanzada la primavera, Europa sigue disfrutando “un crecimiento vigoroso”, con una expansión económica del 2,8% el pasado 2017, un punto más que en 2016, “en gran medida por la demanda interior”, con un crecimiento del crédito y la inversión y “riesgos equilibrados a corto plazo”, recoge el documento. El FMI prevé un crecimiento del 2,6% este año para la región antes de frenarse ligeramente al 2,2% en 2019, es decir, dos décimas mejor que para la eurozona. En medio de este contexto de buenos resultados, los esfuerzos de consolidación bancaria y las reformas estructurales están disminuyendo.
“Es el momento de desarrollar colchones fiscales [acabar con los déficits presupuestarios] pero también de hacer reformas estructurales centrándose en el crecimiento a largo plazo en Europa y también de sanear el sistema bancario”, pidió Poul Thomsen, el director del Departamento europeo del FMI este martes en Bruselas. “Y hablando sobre el riesgo, el mensaje clave es que, si no es ahora, ¿cuándo lo es?, se preguntó Thomsen delante de Jan Smets, gobernador del Banco de Bélgica, uno de los halcones dentro del BCE.
Por riesgo, el representante del FMI no se refería a las políticas proteccionistas que amenazan al comercio global, al impacto en el petróleo de la ruptura del acuerdo de desnuclearización iraní o al brexit. El riesgo enfrenta al norte y al sur de la eurozona. Holanda y Finlandia lideran un grupo de 8 socios comunitarios que piden reformas estructurales, respetar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y sanear los bancos, un mensaje claro a Francia o Italia, antes de más integración económica. Es la risk reduction. España, Francia y Portugal quieren ya en marcha la Garantía Común para todos los depósitos bancarios europeos y crear algún tipo de presupuesto o fondo común contra las crisis, el risk sharing, mientras la canciller Ángela Merkel hace equilibrismos para no mojarse.
En este debate, el Fondo se mojó por boca de uno de sus pesos pesados, el mismo Thomsen demonizado en los rescates griegos. Primero, según el documento de Perspectivas Regionales de Primavera para Europa, hay que cerrar la Unión Bancaria. La Junta Única de Resolución decide desde hace meses el futuro de las entidades sistémicas, como vimos en el caso del Banco Popular, el BCE vigila a todos esos bancos desde el Mecanismo Único de Supervisión pero el tercer pilar, la Garantía Común de Depósitos, está bloqueado por Alemania, Holanda o Finlandia desde hace dos años. El FMI apoya su creación y pide, además, que cuente con un “respaldo fiscal que supondría un paso importante hacia una mayor repartición de los riesgos”. El MEDE, el Mecanismo de Estabilidad Financiera prestamista de los países rescatados [canalizó el crédito de 41.000 millones de euros a España para nacionalizar Bankia y es el principal acreedor de Grecia desde su segundo rescate] sería ese proveedor último de fondos, un cortafuego o backstop, ante una gran quiebra bancaria.